Tomar once o cenar: ¿Cómo influye este hábito chileno en la salud cardiovascular?
La investigación, que analizó datos de más de 3500 personas, busca aportar evidencia para el diseño de estrategias nutricionales y decisiones clínicas orientadas a la prevención de enfermedades crónicas.
Un estudio realizado por la académica del Departamento de Nutrición y Dietética de la Escuela de Ciencias de la Salud UC, Giovanna Valentino, en conjunto con las y los egresados de la carrera, Melina Huarita, Tonka Fam, Javiera Hermosillo y Pedro Acevedo, analizó la relación entre el último tiempo de comida y el consumo de alimentos cardioprotectores en adultos chilenos, evidenciando que el hábito de cenar se asocia a patrones alimentarios más saludables.
Según la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario (ENCA), en Chile el 80% de la población toma once y sólo un 27% cena, una práctica común dentro de nuestra cultura que puede implicar un mayor consumo de alimentos procesados, favoreciendo la probabilidad de desarrollar síndrome metabólico o enfermedades cardiovasculares.
El proyecto de investigación publicado en la reconocida Revista Chilena de Nutrición comenzó en el marco del curso de investigación para la obtención del grado de licenciados en la disciplina, y busca contribuir al diseño de estrategias orientadas a impulsar hábitos saludables y prevenir enfermedades crónicas no transmisibles, mediante recomendaciones nutricionales.
“Lograr que este trabajo fuese publicado como un producto tangible, permite que pueda ser útil para toma de decisiones clínicas y de políticas públicas”, enfatizó la docente guía, Giovanna Valentino. En la misma línea, las y los egresados destacaron que “representa una fuente de motivación para continuar trabajando e investigando con el objetivo de generar un impacto positivo en la salud de las personas”.
Principales hallazgos
La investigación consistió en el análisis de datos de la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario (ENCA) correspondientes a 3.587 adultos de 19 años o más, los cuales fueron clasificados en cuatro grupos según el patrón de consumo de su última comida del día: quienes sólo tomaban once, quienes sólo cenaban, quienes realizaban ambas comidas y quienes no realizaban ninguna de ellas.
A partir de esta clasificación, el estudio analizó la relación entre estos patrones de consumo y la ingesta de alimentos cardioprotectores, evaluando su consumo diario en gramos. Asimismo, se consideró esta asociación con el cumplimiento de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABAs), que recomiendan consumir cinco porciones diarias de frutas y verduras, además de legumbres y pescado al menos dos veces por semana.
Para el análisis de los datos se utilizaron modelos estadísticos que consideraron las diferencias propias de cada comuna y zona geográfica, y ajustaron los resultados según características de las personas participantes, como edad, sexo, área de residencia y nivel socioeconómico.
En cuanto a los principales resultados, se observó que las personas que sólo cenaban presentaron un mayor consumo de alimentos cardioprotectores en comparación con quienes sólo tomaban once. En particular, el consumo de frutas y verduras fue en promedio, 41 gramos diarios mayor en el grupo que cenaba.
Además, este grupo mostró un mayor cumplimiento de las GABAs, especialmente en el consumo de legumbres, donde la probabilidad de cumplir con la recomendación fue un 30% superior en comparación con quienes sólo tomaban once. En el caso del pescado, también se observó una tendencia a un mayor cumplimiento, aunque las diferencias no fueron estadísticamente significativas.
Una once más saludable
A partir de las conclusiones, el equipo de investigación entregó algunas recomendaciones prácticas orientadas a mejorar la calidad nutricional de la once, en caso de que factores externos como la falta de tiempo impidan la cena. Entre ellas, se sugiere que el pan cumpla un rol secundario, priorizando la incorporación de fuentes de proteína de buena calidad, como lácteos descremados o semidescremados, huevo, pastas de legumbres o carnes magras (pollo o atún), junto con verduras frescas que puedan incluirse como acompañamiento o en preparaciones simples.
Además, se recomienda favorecer el consumo de pan o tortillas integrales, de legumbres y pescado cuando su ingesta habitual es baja, y añadir fruta fresca en caso de no haber alcanzado el mínimo recomendado durante el día.